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Benditas las lágrimas

Sentada al borde de la cama, mi cuerpo es de plomo. Consigo a duras penas quitarme los zapatos… Termina un día donde cuerpo y alma no han bailado juntos.
Y sentada al borde de la cama… dejadme hoy ser débil, llorar y mañana volveré a ser fuerte.
Cuesta quitarse una armadura adherida como una segunda piel. Armadura que ayuda a luchar diariamente contra dragones, que protege, pero que si no la dejas caer, también te aísla.
Las lágrimas recorren mis mejillas. Son lágrimas que liberan, lagrimas que limpian y me ayudan a recomponer el alma.
No me avergüenzo de ellas, son mis aliadas, no es signo de debilidad sino de la carga pesada de la armadura. No me siento débil. Me levanto y de nuevo resurjo.
Las mujeres sabemos de la liberación que producen esas lágrimas que caen por las mejillas, sentada al borde de la cama.
Muchas mujeres como yo, sentadas al borde de la cama, lloramos porque estamos vivas. El cansancio del día a día lo liberamos con lágrimas que brotan sin necesidad de cerrar los ojos. Drenamos el alma de tristezas y frustraciones.
Benditas las mujeres fuertes que descansamos dejando ir el llanto.
Benditas lágrimas liberadoras de armaduras, de dolor del alma.
Bendita nuestra alma que como el fénix renace una y otra vez de entre nuestras lágrimas.

Pintura Las lágrimas de Freya (Freya’s tears) Gustav Klimt

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